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Capítulo 8: El sí definitivo

Aquel día los nervios marcaban el ritmo, iba a ser una mañana dura y apasionante marcada por la presentación oficial del proyecto de Campo de los Nabules ante directivos e inversores de Daluz SL.

Salí de casa enfundado en un traje gris que me había hecho a medida en una sastrería de Málaga que había complementado con una corbata estrecha azul claro y una camisa blanca. Me apresuré a ventilar el coche para que el sudor no arruinara mi cuidada imagen y aproveché para colocar la chaqueta bien doblada en el asiento de atrás. Mientras tanto, Carmen me miraba con una media sonrisa que denotaba lo orgullosa que en aquel momento se sentía por mi. Me abrazo por atrás y me beso el cuello para darse cuenta de que no llevaba perfume. Me hizo esperarla y apareció a los pocos segundos con un frasco de perfume artesanal que compramos en nuestro viaje a Egipto. Era su favorito y, aunque a mi no terminaba de convencerme, siempre me lo ponía porque sabía que ella lo disfrutaba cada vez que se acercaba a mi cuello. Supongo que era una especie de reclamo para atraer su respiración a mi oído y sus labios a mi nuca.

Subí al coche y arranqué en dirección a Marbella, de vez en cuando un temblorcillo se me escapaba por las piernas abajo y no podía parar de repasar mentalmente el dossier que iba a presentar delante del grupo de personas que tenía el poder de decidir si aquello que proponía era factible o no.

Había citado a mi equipo dos horas antes para dejar atados todos los cabos antes de reunión que daría el pistoletazo de salida definitivo a Campo de los Nabules. Quería que fuera una presentación en grupo en la que cada uno profundizara en su campo para poder así explicar con todo detalle cada aspecto del dossier, así habíamos establecido que Damián nos hablaría del aprovechamiento de las infraestructuras de comerciales y de alojamiento y de los servicios de que dispondría el hotel, Raúl nos detallaría la configuración de bares y restaurantes, Lidia nos explicaría como iba a dar vida al plan de marketing y a los espacios de ocio y por último Aida justificaría los gastos previstos y los ingresos potenciales que harían que aquel proyecto se ajustase al milímetro al presupuesto que nos habían dado. Mi parte era en realidad la más sencilla, solo tenía que demostrar a aquel grupo de inversores y directivos que iba a ser capaz de coordinar aquel equipo para alcanzar los objetivos que la empresa nos había fijado y, dejar que cada uno hiciera su parte era mi mejor baza, era un movimiento que nos aseguraba la cohesión y el respaldo que necesitábamos para dar solidez a aquel enorme conjunto de ideas.

Para cuando llegué a la oficina, en mi despacho me esperaban Lidia, Raúl y los demás miembros de mi equipo. Fabián había preparado una jarra de café y una bandeja con pastas y se encontraba organizando la sala de juntas para la presentación. Le ordené que no dejara pasar a nadie al despacho hasta que no acabara la reunión y pasé a sentarme en alrededor de la mesita de té donde ya me esperaban los demás. La excitación que aquel momento suscitaba en todos nosotros quedaba clara en la expresión de sus caras y la efusividad de los saludos anunciaba unos nervios parecidos a los que siente un actor que va a salir a escena ante un público que espera la mejor interpretación de sus vidas. […]

Capítulo 7: Fortalezas

La noche se antojaba larga y tediosa, el calor hacía imposible cualquier descanso y hasta el agua del mar parecía ralentizada por el peso del bochorno. Me levanté empapado en sudor de la cama con la cabeza dolorida de pensar más de la cuenta, bebí algo de agua fresca de la fuente que había integrada en nuestra nevera y salí fuera. La imagen de aquella tranquila playa, vacía y serena bajo la enorme luna de julio invitaba a pasear y me lancé, así, vestido con unos pantalones cortos que apenas cubrían una pequeña franja de mi entrepierna, me adentre en la suave flama que rodeaba todo y tras un pequeño paseo de no más que unos quinientos metros, me deshice del pequeño harapo que me cubría y entré en el agua. Al instante noté la libertad que te da flotar sin miedo a perderte en la inmensidad, cerré mis ojos y me dejé ir, sin temperatura, sin gravedad, sin agobio, sin pensamientos.

El sol se vislumbró en el horizonte cuando aún yacía en playa solo, desnudo y relajado. La leve brisa de la mañana me sacó de mi ensoñación y volví a casa. Un intenso olor a mar impregnaba el ambiente que ahora era más ligero y una música tranquila sonaba bajito en la cocina. Carmen ya estaba despierta y al verme aparecer con el pelo aún húmedo y aquella cara de tranquilidad supo de donde venía. Me besó para darme los buenos días y me ofreció una taza de café recién preparado. Bebí un sorbo y mientras lo hacía vi que no apartaba su mirada de la mía. La cogí de la mano, la llevé hasta el sofá y la abracé desde atrás mirando por la ventana el impresionante amanecer que empezaba a dibujarse. No hablamos, solo bebimos café y disfrutamos de aquel infinito momento de paz. La quiero, la quiero tanto que no hay nada que no se torne perfecto cuando estoy con ella, la quiero tanto que no sabría decir si los latidos de mi corazón son por que son o son por que ella es.

Aquella mañana decidí trabajar desde casa, necesitaba un ambiente relajado para preparar la presentación del proyecto definitivo en el que habíamos estado trabajando casi un mes. Carmen aprovechó para pasar el día en la playa con Dobby, preparó unos bocadillos y, con poco más que una bolsa y una toalla, se fue dejándome en un ambiente tranquilo y relajado que me facilitara la, ya de por si complicada, tarea de concentrarme.

El proyecto finalmente había sido un compendio de ideas que cada uno de los profesionales que conformaban mi equipo había desarrollado hasta conseguir un equilibrio entre inversión y resultado que, estaba seguro, que la empresa valoraría positivamente y agradecería.

Era muy importante para mí que no hubiera ninguna fisura o cabo sin atar que pudiera hacer que el resultado final no fuera fiel al cien por cien con la propuesta que la junta directiva aprobara así que, repasé concienzudamente cada parte del dossier que íbamos a presentar en grupo unos días después: restauración, alojamiento, ocio y eventos, administración y recursos humanos…

La tarde empezaba a pesar después de toda la mañana hablando solo y releyendo documentos que ya me sabía casi de memoria así que, para despejarme un poco, a eso de las 3 de la tarde me preparé un bocadillo y bajé a la playa a comer con Carmen. La encontré tumbada al sol junto a Dobby que descansaba bajo la sombrilla, su respiración era lenta y profunda y su cuerpo estaba inmóvil en una postura en la que acaparaba los rayos del sol que tornaban su piel de un tono marrón rojizo, parecía descansar en una especie de trance que no quería tener que romper, pero la calor iba a empezar a causar estragos en su piel y en su salud así que decidí darle un beso en la frente que la sacara de su ensoñación para sugerirle que viniera un rato conmigo a la sombra. Nos sentamos bajo a la sombrilla y Dobby apoyó su cabeza en mi rodilla para seguir descansando.

Capítulo 6: La visita

Había sido una semana dura, el cansancio que aquella noche había podido con nosotros, parecía querer quedarse después de despertar.

Era viernes y quedaba el último tirón para completar un ciclo de siete días que, al igual que los anteriores, se había hecho duro aunque reconfortante.

La cabeza de Carmen reposaba en mi hombro mientras que su cuerpo, semi-desnudo y sudado, se derramaba por la cama mezclado con las sábanas y los cojines. Me levanté despacio para no despertarla y ella suspiró profundamente, se giró y siguió durmiendo.

La ducha sirvió de poco aquella mañana, era tal el agotamiento que, ni el agua fría ni el café pudieron con él. Al llegar a la oficina Fabián, en tono amable como siempre me dio los buenos días sosteniendo en sus manos una bandeja con un café solo y unos bollitos de chocolate pequeños con los que saciar el hambre mientras trabajaba.

Pasé a mi despacho y comencé a repasar los informes que me habían llegado de los demás miembros del equipo para empezar a desarrollar el dossier del proyecto final que teníamos que presentar en una semana a la dirección de Daluz SL cuando sonaron tres golpes suaves en la puerta que me sobresaltaron, indiqué que pasara y Fabián, asomando la cabeza por una rendija de la puerta dijo:

– Señor León, tiene visita, un tal Igor Doroievski. He mirado su agenda y no tiene ninguna visita programada hoy, ¿le hago pasar?

Cada vello de mi cuerpo se erizó al escuchar ese nombre, cada pequeña fibra de mis músculos temblaba solo de pensar en las miles de cosas que ese impresentable había podido venir a hacer aquí. De cualquier modo, siempre pensé que las dificultades hay que enfrentarlas lo antes posible así que, con un movimiento de mano, le indiqué que al muchacho que le hiciera pasar[…]


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¿Qué es “Todas las vidas que tengo”?

Hoy en día, la vida se ha vuelto un compendio entre cosas fáciles y cosas rápidas que hacen que nuestro todo se mueva por el principio del “todo, aquí y ahora”.  Esta prisa por saber que va a pasar después hace que no disfrutemos de la incertidumbre de cosas tan banales como una serie de televisión, un libro o un un disco. 

Por eso he creado esta novela en la que iré dosificando la historia para hacer que el placer de leerla dure más, además, esto me permite ir modificándola según las reacciones de quienes la leáis. 

Cada semana un nuevo capítulo, un trocito más de la vida de Arturo León que espero que leáis y dibujéis en vuestra mente como yo lo hago en la mía, con 7 días para imaginar que vendrá después.

Sobre mí

IMG_2656Me ha costado casi 32 años decidirme a publicar un relato largo y me ha empujado a ello el ansia de hacer algo grande. “Todas las vidas que tengo” nace para que de mis letras nazca el disfrute de quienes las leen y sin más ánimo que le dejar salir todo el arte que venido reprimiendo y que, a estas alturas, se antoja imposible de retener.

Saco estas letras de lo más profundo de mí, espero que sepáis guardarlas tan adentro como yo.



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